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Taxistas mártires se crucifican para que Diosito perdone los pecados de sus clientes

Han presenciado demasiados fajes en sus unidades, por lo que es necesario el perdón de Dios.

Jerusalén Chilango.- El grupo de taxistas que desde esta mañana desquiciaron a toda la Ciudad de México para que de alguna manera le ganaran la batalla a los Uber (¿?), logró alcanzar la iluminación espiritual, luego de ponerse a meditar en grupo durante su manifestación, por lo que cientos de ellos lograron comunicarse directamente con Diosito.

Téofilo Martínez, líder de unos taxistas de Ecatepec, dijo que logró hacer un viaje astral y visitar al mismísimo Dios, quien le pidió convencer a sus amigos taxistas para que se crucificaran y de esta manera, limpiar los pecados de sus usuarios, porque pues así funciona el catolicismo.

«Me dijo que nosotros como transportistas hemos visto muchos fajes, besos con agarradera de nalga, cochinada y media, peleas, de todo. Por eso es importante que nosotros mismos liberemos al pueblo de todos sus pecados y de paso también de los nuestros, porque luego si somos bien culeros también«, agregó Teófilo, mientras lavaba los pies de su líder sindical.

Varios taxistas se treparon a sus cruces de madera, mismas que llevaron hasta el Zócalo capitalino sobre sus unidades y, luego de retirar la placa de sus Tsuru para ponérselas en la cabeza, procedieron a crucificarse ante los ojos de todos los pecadores de la CDMX (nomás que sustituyendo los clavos con cinta canela y playo, porque se cuidan su pielecita delicada).

«¡Cámaras, Dios! Perdona a los culeros estos porque no saben lo que hacen; están bien güeyes», exclamó uno de los crucificados.

De acuerdo a la iglesia católica, esto es un claro acto de fe y de estigma, porque Dios decidió manifestarse a través de los choferes; «está claro que los eligieron por sus almas puras y sus unidades limpias. Desde Juan Diego que no veía algo tan majestuoso«, dijo un padrecito que andaba de metiche viendo todo el show desde la Catedral Metropolitana.

Después del acto de crucifixión, un grupo de taxistas repartió el cuerpo y la sangre de Dios, que en realidad eran Sabritones remojados en Coca-Cola, pero que representan lo mismo. También aprovecharon para pasar la charola de la limosna, ya que, como ninguno se puso a chambear hoy por aquello de salir a exigir sus derechos, pues andaban cortos de lana y no completaban para irse al teibol.

Se espera que el Vaticano se pronuncie y al menos, se canonice al Teófilo, en agradecimiento por liberar a toda la ciudad de pecados (y por andar haciendo el ridículo).

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